El pasado ya no es la única razón por la que Houston Dynamo vuelve a creer. Han pasado dos décadas desde que llegó a MLS y llevó inmediatamente a Texas hasta la cima. En su primera temporada hizo campeón al estado. Al año siguiente volvió a hacerlo. Ahora, la generación de 2026 visitó al vigente campeón del Oeste, al equipo de Thomas Müller, lo venció 1-0 en Vancouver, le arrebató el liderato y alcanzó una racha con apenas dos precedentes en la historia de la liga. Falta mucho, pero el caballo negro de 2026 ya dejó de ser una simple sorpresa.
¿Es Houston el caballo negro de 2026?
Hoy, sí. Terminó 2025 duodécimo del Oeste con 37 puntos; ahora suma 38 en apenas 20 jornadas y ya superó toda su producción de la temporada anterior.
Casi nadie lo vio venir. Ninguno de los 15 analistas de Apple TV en Español proyectó a Houston entre los tres primeros del Oeste y solamente uno lo colocó cuarto. Además, el Dynamo comenzó la temporada en el puesto 16 de los Power Rankings de MLS.
Quedan 14 partidos. No hay una MLS Cup que prometer. Pero Houston vuelve a tener una razón para creer, superando expectativas y rompiendo sus propios límites.
El equipo está invicto en ocho partidos y ganó los últimos cinco: 3-0 ante Austin FC, 2-0 frente a Sporting Kansas City, 2-0 contra New England Revolution y dos victorias 1-0 sobre LA Galaxy y Vancouver Whitecaps. Son nueve goles marcados y ninguno recibido durante una racha que lo llevó desde la mitad de la tabla hasta la cima del Oeste.

El tramo completo también explica la dimensión del salto:
- Houston tiene diez victorias, dos empates y apenas dos derrotas en sus últimos 14 partidos.
- Sumó 32 de 42 puntos posibles y, a este ritmo de 1.90 por encuentro, terminaría cerca de los 65 puntos, muy por encima del récord del club (54 en 2024).
Y la victoria ante Galaxy ya convirtió a esta generación del Dynamo en la primera que gana cuatros partidos consecutivos sin recibir gol, cuatro días después el triunfo ante los Whitecaps elevó la marca a cinco y colocó a Houston junto a Atlanta United de 2019 y LAFC de 2024 como los únicos tres equipos que han conseguido cinco victorias seguidas manteniendo su arco en cero en la historia de MLS.
Con 462 minutos sin recibir gol, la racha también conecta a Houston con su pasado: el equipo bicampeón de 2007 todavía conserva el récord de MLS con 727. Y para entender por qué este momento vuelve a ilusionar a Texas, hay que regresar a la generación que convirtió a un club recién llegado en campeón.
Antes de ser bicampeón, tuvo que convertirse en Houston
Aquel Dynamo no fue un equipo de expansión tradicional. La base de los San Jose Earthquakes que había ganado el Supporters’ Shield en 2005 se trasladó a Houston junto al entrenador Dominic Kinnear. Existía talento, pero todo lo demás era nuevo: la ciudad, el nombre, los colores y una afición que todavía debía encontrar una razón para sentir suyo al equipo.
La respuesta llegó inmediatamente. Más de 25,000 personas asistieron al primer partido en el Robertson Stadium y Brian Ching marcó cuatro goles en una victoria por 5-2.
Meses después, cerca de 2,000 aficionados recorrieron los 440 kilómetros hasta Frisco para acompañar al Dynamo en la MLS Cup. La caravana naranja seguía a un equipo recién llegado, pero sobre todo al primer equipo de MLS en Houston.
En aquella final de 2006, Houston venció a New England en penales gracias a una atajada decisiva de Pat Onstad, el entonces arquero que hoy conecta directamente ambas generaciones como presidente de fútbol y responsable de la construcción del actual proyecto del Dynamo.
Un año más tarde volvió a superar al Revolution, esa vez 2-1 con goles de Joseph Ngwenya y Dwayne De Rosario, para convertirse en apenas el segundo club en la historia de MLS que conquistaba dos campeonatos consecutivos (2006 y 2007).
¿Nuevos nombres, misma ilusión?
En esa primera generación del club texano, resaltaron figuras como Brian Ching, De Rosario, Wade Barret, Alejandro Moreno, Onstad, etc...
La generación actual todavía tiene que construir su propia historia, pero ya encontró sus referentes.
- Guilherme suma 12 goles y siete asistencias en 19 titularidades.
- Héctor Herrera aporta jerarquía, mentalidad y Jonathan Bond se ha convertido en el último muro de una defensa que acumula cinco partidos sin recibir gol.
- Ante Vancouver, Franco Negri marcó su primer tanto con Houston y se convirtió en el undécimo jugador diferente del equipo que anota esta temporada.
- El uruguayo Marcelo Saracchi también hizo su debut.
La composición del plantel cuenta otra parte de la transformación. Siete titulares ante los Whitecaps nacieron en Latinoamérica: los argentinos Agustín Resch, Franco Negri y Agustín Bouzat; los brasileños Lucas Halter, Artur y Guilherme; y el mexicano Héctor Herrera. Con el ingreso de Saracchi, fueron ocho.
En la final de 2006 no comenzó ningún futbolista nacido en Latinoamérica; el venezolano Alejandro Moreno entró como suplente. En la de 2007 no participó ninguno. Eso no hacía menos houstoniano al equipo bicampeón. Pero la generación actual se parece más a una ciudad donde el 44.2% de sus habitantes es de origen hispano o latino.
Y ese porcentaje no responde a una sola bandera. En el área metropolitana, casi dos de cada tres latinos tienen raíces mexicanas; las comunidades salvadoreña y hondureña representan otro 13%, mientras venezolanos y colombianos encabezan la presencia sudamericana.
El plantel del Dynamo no reproduce ese mapa exactamente, pero sí refleja una ciudad cuya identidad latina se construye desde muchos lugares. Con ese vínculo renovado entre el equipo y la ciudad, Houston vuelve a ocupar el centro del fútbol texano.
Texas vuelve a mirar hacia Houston
Austin está en cuartos de final de Leagues Cup y FC Dallas marcha quinto del Oeste con el máximo goleador de MLS. El fútbol texano vuelve a levantar la voz, pero Houston es el equipo que hoy lidera la conferencia y carga con una historia que ninguno de sus vecinos tiene: el último título de MLS Cup para Texas fue suyo, en 2007.
Para una ciudad que agotó las entradas para reencontrarse con sus primeros campeones, este momento significa mucho más que una posición en la tabla. Es la posibilidad de que una nueva generación construya sus propios recuerdos y deje de vivir solamente de aquellas dos estrellas. Veinte años después, la pregunta vuelve a sentirse posible: ¿hasta dónde puede llegar Houston ahora que su gente vuelve a creer?



