En Los Ángeles está El Tráfico. En Nueva York, el Hudson River Derby. Y si algo tiene claro MLS después de una década es que una rivalidad no se fabrica: se construye con partidos que quedan, jugadores que se vuelven ídolos o enemigos, hinchadas que toman partido y una ciudad que termina haciendo suyo el duelo. Desde 2015, NYCFC y Red Bull New York vienen escribiendo esa historia a ambos lados del río Hudson. Ahora, con otro capítulo en Yankee Stadium, la pregunta flota en el aire. ¿Cómo hizo este clásico para pasar de ser un partido nuevo de MLS a convertirse en una parte reconocible de la cultura futbolística de Nueva York?
La ruta de este clásico vuelve a encenderse este viernes (7:30 pm ET - Apple TV), en una luche directa por un lugar en la postemporada entre el equipo azul (octavo en la Conferencia Este, 32 puntos) frente al conjunto rojo (décimo, 30 unidades).
Dos ciudades, dos maneras de vivir el fútbol
En Los Ángeles, El Tráfico tiene una lectura cultural bastante visible. El Galaxy carga con la historia: uno de los clubes fundadores de MLS, nacido en 1996 y durante décadas puerta de entrada para grandes figuras del fútbol latino y mundial. LAFC llegó en 2018 con otra energía: un club nuevo, instalado en el corazón de la ciudad, con una estética urbana, una hinchada joven y una fuerte conexión con la cultura mexicana y latinoamericana. Carlos Vela, su primera gran figura mexicana, ayudó a convertir ese vínculo en parte de su identidad.
Nueva York ofrece un contraste diferente. Aquí no resulta tan sencillo trazar una línea entre nacionalidades: NYCFC y Red Bulls son tan multiculturales como la ciudad que representan. La diferencia está en la historia y en el territorio. Red Bulls llegó primero y construyó durante casi dos décadas una cultura futbolística en la región; NYCFC apareció en 2015 para crear una nueva identidad desde los cinco boroughs.
Por eso, si en Los Ángeles El Tráfico pone frente a frente dos culturas futbolísticas que encontraron su casa en clubes diferentes, en Nueva York el Hudson River Derby enfrenta dos formas de pertenecer a la misma ciudad: la tradición contra la reinvención, el club que ya estaba contra el que llegó para reclamar un nuevo espacio.
Pero ninguno de los dos creó el fútbol neoyorquino. Mucho antes de 2015, el juego ya vivía en parques, canchas, ligas amateur, barrios y familias inmigrantes. Se hablaba español, inglés y muchos otros idiomas alrededor de una pelota. Lo que hicieron NYCFC y Red Bulls fue darle a esa cultura dos plataformas dentro de MLS.
Esa historia también se está renovando. Red Bulls lleva años apostando por el desarrollo juvenil y su Academia gratuita ofrece una ruta desde las categorías formativas hasta el primer equipo. Julian Hall, nacido en Manhattan y formado en esa estructura, es el rostro más visible de una generación que ya crece dentro de MLS. En 2026, los Red Bulls incluso se convirtieron en el primer equipo de la liga en comenzar un partido con tres jugadores menores de 17 años.
NYCFC, mientras tanto, sigue buscando nuevas referencias para una identidad que ya no depende de los nombres que hicieron historia en sus primeros años. Nicolás Fernández Mercau representa ese presente: una nueva figura sudamericana dentro de un club que continúa definiendo qué significa jugar para Nueva York.
La pregunta, entonces, no es cuál comunidad pertenece a cada club. Es más neoyorquina que eso: ¿cómo puede una ciudad construida sobre tantas culturas encontrar en dos clubes de MLS dos maneras diferentes de vivir el mismo deporte?
El Tráfico encontró su respuesta en Los Ángeles. El Hudson River Derby está escribiendo la suya en Nueva York. Y después de una década, esa respuesta ya tiene algo que no se puede fabricar: jugadores, hinchadas, memoria y una nueva generación dispuesta a continuarla.
Dos orillas, una pelea
La respuesta empieza con algo tan neoyorquino como cruzar un río.
De un lado está New York City FC, el club que nació para jugar dentro de los five boroughs. Del otro, los Red Bulls, con una historia profesional que existe desde 1996, con el nacimiento de nuestra liga, y una casa en Nueva Jersey. Dos clubes separados por el Hudson, pero unidos por una misma pelea: ganarse un lugar en el corazón futbolístico de La Gran Manzana.
El primer capítulo se escribió el 10 de mayo de 2015 en Sports Illustrated Stadium. Los locales ganaron 2-1 y el mítico Bradley Wright-Phillips hizo los dos goles. No era una rivalidad histórica todavía. Pero ya tenía una cosa que no se puede comprar: una razón para que cada lado quisiera ganar más que el otro.
Primero fueron los goles
Después llegó la memoria.
Si hay un nombre que aparece una y otra vez cuando se repasa la historia del Hudson River Derby, es el de Wright-Phillips, el eterno BWP. El delantero inglés terminó como máximo goleador histórico del enfrentamiento. Su gran contrapunto fue David Villa, el primer gran rostro internacional de NYCFC y una figura que ayudó a darle peso inmediato al nuevo club.
Y si un derbi necesita una noche que nadie pueda olvidar, Nueva York tuvo la suya.
El 21 de mayo de 2016, los Red Bulls entraron a Yankee Stadium y salieron con un 7-0. Wright-Phillips marcó dos veces y aquella goleada quedó para siempre en la memoria del duelo.
La respuesta llegó rápido
Pero los derbis necesitan revancha.
Y NYCFC la encontró. En 2017, Villa escribió uno de los capítulos más recordados: tres goles en Yankee Stadium para darle a NYCFC un triunfo 3-2. Wright-Phillips respondió con dos.
El derby ya tenía lo que necesitaba para crecer: un golpe, una respuesta y protagonistas capaces de quedarse en la memoria.
Villa y Wright-Phillips fueron los primeros grandes nombres. Después llegaron otros. Maxi Moralez se convirtió en una figura inseparable de la historia de NYCFC. Taty Castellanos agregó un hat-trick en 2020. Del lado de los Red Bulls, jugadores como Daniel Royer también dejaron su marca.
Cada generación fue agregando una página. En el cómputo global, la mitad celeste llegó a su punto máximo de gloria con la MLS Cup 2021, con la que la dupla Moralez-Castellanos quedó para siempre en la historia.
La historia cambia de camiseta
En 2026 hay una nueva generación tomando el relevo.
En NYCFC, Nicolás Fernández Mercau (hoy, luchando semana a semana por el Botín de Oro de MLS) representa parte de esa renovación. El argentino llegó a Nueva York después de hacerse un nombre en el fútbol sudamericano y aporta a un equipo que sigue buscando nuevas referencias dentro de su propia identidad.
En el otro lado del Hudson, Julian Hall encarna algo todavía más especial: la revolución juvenil que los Red Bulls llevan años impulsando y que ahora tiene un rostro adolescente en MLS.
Hall no necesita que le expliquen qué significa crecer dentro de la cultura Red Bulls. Es producto de esa estructura. También es una señal de hacia dónde puede ir el club: un futbolista formado en la región, lanzado al escenario de MLS siendo todavía adolescente y convertido en parte de una generación que ya no mira el soccer como una promesa, sino como una profesión posible.
Nueva York también juega
Y ahí el Hudson River Derby vuelve a contar una historia que va más allá del resultado.
Nueva York es una mezcla permanente de idiomas, barrios, familias y culturas. El soccer encontró aquí un terreno fértil mucho antes de que estos dos clubes se enfrentaran por primera vez. Las comunidades latinas, caribeñas, europeas, africanas y asiáticas forman parte de una ciudad donde el fútbol siempre tuvo muchas voces.
NYCFC y Red Bull ayudaron a darle a esas voces dos casas dentro de MLS.
Sus academias, sus programas juveniles y sus iniciativas comunitarias llevaron el juego a más chicos y más barrios. Y mientras los dos clubes compiten por los mismos titulares y por el orgullo de ganar el derby, también están ampliando la cantidad de personas que tienen una relación cotidiana con el fútbol.
El clásico que se hereda
Ese es quizás el dato menos visible de esta rivalidad.
Un clásico no se sostiene solamente con grandes partidos. Necesita que alguien que hoy tiene 12 años quiera seguir viendo esos partidos dentro de diez años. Necesita nuevos jugadores. Nuevas familias. Nuevas camisetas. Nuevas historias que contar.
Por eso el Hudson River Derby importa en 2026.
No necesita ser El Tráfico. Tiene su propia ciudad, su propia geografía y su propia historia. Y después de una década, ya tiene también algo que no se puede fabricar: memoria.
Ahora les toca a ellos
El viernes, Yankee Stadium volverá a dividirse entre azul y rojo.
Algunos estarán pensando en Wright-Phillips. Otros recordarán a Villa. Otros tendrán todavía presente el 7-0. Y para muchos de los más jóvenes, esos nombres ya pertenecen a la historia.
Porque ahora les toca a otros escribirla.
Quizás dentro de unos años alguien recuerde un gol de Nicolás Fernández Mercau. O una noche en la que Julian Hall decidió un derby siendo todavía un chico.
Así es como nacen los clásicos.
Primero llega el partido. Después llegan los protagonistas. Y cuando una nueva generación empieza a crear sus propios recuerdos, ya no estás viendo simplemente una rivalidad de MLS.
Estás viendo una tradición.
Disfruta de toda la acción de los equipos de MLS a través de Apple TV.
