La MLS ya había tenido a Carlos Valderrama. Hoy tiene a James. Dos de los mejores futbolistas en la historia de Colombia, dos épocas, dos genios, una misma liga. Mientras que el presente lleva el nombre de James Rodriguez que arriba a Minnesota United; el pasado —ya convertido en leyenda— fue el Pibe, una coincidencia que sigue una línea histórica para unir épocas distintas del fútbol colombiano en la historia de la liga.
El Pibe Valderrama abrió el camino
Valderrama es considerado el mejor jugador en la historia del fútbol colombiano y un símbolo de la época dorada cafetera de los 90’s.
Después de la Copa del Mundo 1994, en la que el histórico colombiano fue líder de la Selección de Colombia como capitán y figura máxima, llegó a la MLS con uno de los equipos fundadores de la temporada inaugural: Tampa Bay Mutiny.
Siendo no solo el primero, sino la figura colombiana más importante de la historia de la liga. Un futbolista creativo, diferente, influyente, reconocible desde el primer toque y desde el primer look.
El cafetalero fue el primer MVP, o Jugador Más Valioso de la liga, su legado se extendió más tarde al desaparecido Miami Fusion, y en 2002 cerró su carrera en Colorado Rapids.

En su paso por Tampa, El Pibe rompió un récord de 26 asistencias en la temporada regular del 2000, algo que nadie superó hasta el momento.
Pero más allá de términos futbolísticos, en el que también se situó entre los máximos asistidores de la MLS, su paso por la liga ayudó a instalar una idea poderosa: Colombia podía tener futbolistas que fueran eje del espectáculo y el fútbol.
En los 90, el fútbol colombiano se miraba a través de su melena y su pausa.
Fue un símbolo, una referencia y un rostro. Valderrama no fue uno más, James tampoco lo es.
Otra época dorada, el heredero tricolor
El paso de El Pibe Valderrama por la MLS dejó una idea instalada en la que Colombia podía tener ídolos presentes en la liga de Estados Unidos.
Treinta años después, James Rodríguez aparece en una MLS completamente distinta. Más grande, más visible, más exigente.
Un jugador diferente que reactivó la representación en la Selección Absoluta, sobre todo en el Mundial de Brasil 2014, que puede en algunos simples destellos explicar otra época dorada colombiana.
Su rol conecta directamente con el de Valderrama y sigue una línea:
- El Pibe representó a una Colombia creativa, carismática, romántica.
- James representa a una Colombia moderna, competitiva, acostumbrada a medirse con los mejores
Por eso hablar de sucesión tiene sentido, y cuando ambos aparecen en el mismo panorama dentro de la historia de la MLS, la línea dorada se conecta sola.
Un puente en común: el Mundial
Valderrama llegó a la MLS después de un Mundial. James llega a la MLS en año de Mundial. Ese es el punto en común que pesa más que la ‘10’, cualquier estilo, época o club. Ahí sus historias también se tocan.
En el 94’ el Pibe aterrizó en Estados Unidos para disputar la Copa del Mundo como el símbolo absoluto de su época, en 2026, el capitán de la Selección de Colombia actual, y heredero natural entra al mismo escenario, pero con una visibilidad mayor de la liga.
Ambos en momentos un poco diferentes, pero un mismo patrón: cuando Colombia entra en modo Mundial, su 10 termina conectado con Estados Unidos.
Como si cada ciclo global empujar al referente colombiano hacia la misma geografía futbolística, hacia la misma liga y el mismo punto del mapa.
El Mundial al final es el imán que alinea esas dos generaciones, en dos contextos aparte.
La Copa del Mundo es el lugar donde empieza todo.
MLS lo conecta todo
Que esa línea histórica vuelva a aparecer en la MLS no es casualidad. La liga fue escenario del primer gran ídolo colombiano cuando estaba naciendo. Hoy recibe a otro cuando ya es un escenario consolidado.
Cambió el fútbol en Estados Unidos.
Cambió la liga.
Pero la línea histórica se abre.
MLS tuvo a Valderrama, hoy tiene a James y Colombia vuelve a reconocerse en esa continuidad entre los 90’s y 2026.
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