Joaquín Pereyra llegó a Minnesota United en 2024 como uno de los volantes más interesantes del fútbol argentino. Menos de dos años después, ya no es solo el cerebro del mediocampo: también es capitán, líder y el primer sudamericano en llevar la cinta en la historia de los Loons. Y sí, le queda bien.
Desde el primer día
"Soy Joaquín Pereyra, vengo de Argentina, Tucumán, y estoy muy feliz de llegar acá al club, dentro del campo voy a tratar de dar lo mejor de mi, a tratar de ayudar al equipo en lo que pueda, para ganar obviamente, pero voy a tratar de no defraudar a los hinchas, ni a mis compañeros, para que todos estemos contentos".
Esas fueron sus primeras palabras con la camiseta de Minnesota United. Hoy tras las ausencias de Wil Trapp y Boxwell, la responsabilidad de la cinta de capitán recayó en él.
Con la mismas palabras que utilizó esa vez, se explica su transición a tomar el liderazgo de la cinta de capitán.
Minnesota fue a buscar en Pereyra a un futbolista que le diera sentido al juego con la pelota. Y lo encontró enseguida. Pero en el camino apareció otra cosa. Una confianza que no nace solo de su talento, sino del orgullo, el esfuerzo y la autoridad con la que se ganó ese rol dentro del grupo.
¿Por qué él?
"Muy orgulloso, muy feliz, sé que es una responsabilidad grande llevar la cinta de capitán en este club. Así que nada, la verdad me dio mucha felicidad que me den esa responsabilidad y sentí mucho orgullo a la hora de llevarla".
Pereyra no lo considera un detalle menor. Habló de orgullo, responsabilidad y felicidad, porque entiende muy bien lo que representa.
Y no hubiese sido posible sin la confianza que ya él construyó dentro del grupo, que le dió la tranquilidad para jugar su primer partido con la cinta ante LA Galaxy el pasado 4 de abril.
Claro, todo se acompaña de la pieza central que Pereyra tomó al llegar en agosto, hace dos años, desde Atlético Tucumán: en 2025, el mediocampista fue el máximo asistidor de MIN, rompiendo el récord para una sola temporada en la historia del club (18).
Una cinta con historia
Minnesota ya había conocido el mando latino antes de Joaquín Pereyra, pero desde perfiles muy distintos. Nunca, hasta ahora, desde un sudamericano.
- Pura vida: Francisco Calvo empezó esa línea latina, el ex seleccionado de Costa Rica, muy parecido a lo de Pereyra tomó al cinta de capitán en su segundo año con el club. Con tan solo 24 años en 2018. Terminó convirtiéndose en el primer All-Star de la historia del club.
- Después, llegó el histórico cubano, Osvaldo Alonso, un futbolista que ya llegaba probado, respetado y con una carrera grande en MLS. Fue un capitán veterano que llevó al equipo a su primera y única final de Conferencia Oeste.
Los Loons ya habían conocido el mando latino desde perfiles distintos. Con Alonso, desde una voz de experiencia y con Francisco Calvo, desde el carácter. Pereyra parece hacerlo desde otra lengua: la del juego.
Idioma fútbol
Si algo dejó claro este deporte, es que el idioma no siempre termina siendo una barrera.
“Es fútbol, al final. Por más que no hablamos los mismos idiomas, nos terminamos comunicando de alguna manera”.
Pereyra lo explicó de forma simple, pero muy clara.
Todavía no maneja del todo el idioma, y en un vestuario multicultural eso podría pesar para cualquiera que tenga que asumir un rol de liderazgo. Pero, eso no lo frenó.
Hay cosas que se entienden sin hablar demasiado.
El esfuerzo de Joaquín dentro de la cancha, la manera en que compite, cómo se compromete con cada partido y cómo se vive la camiseta ayudaron a que sus compañeros empezaran a leerlo como una referencia.
Pereyra se vive la camiseta de Minnesota United.
Y eso explica por qué hoy lleva la cinta.
Tradición latina en MLS
MLS ya vio esto antes. El colombiano, Carlos Valderrama fue liderazgo puro desde los primeros años de la liga, sin manejar el idioma en 1996. Diego Valeri, tambien argentino, llegó a Portland sin manejar el inglés y terminó siendo co-capitán y una referencia absoluta del club. Y el eterno Diego Chará llegó a los Timbers con dificultades de idioma y de adaptación, y eso no le impidió convertirse en uno de los capitanes más fuertes y respetados de la historia reciente de la liga.
Pereyra aún escribe su historia y todavía no necesita decir demasiado. Le alcanza con seguir hablando el idioma sudamericano que más pesa dentro de la cancha.
Y empuja una idea que en esta liga ya apareció más de una vez: cuando el fútbol habla por ti, lo demás termina llegando.
No importa el idioma, si el vestuario entiende al jugador, después termina reconociendo al líder.
Minnesota tiene al suyo y es argentino.



