El Clásico Texano no se jugó: se descontroló. Fue un ida y vuelta furioso, de esos partidos que no te dan respiro, donde cada gol parece empujar al otro equipo a responder con más violencia todavía. Un 4-3 que no se explica, se siente. Y que confirma que cuando FC Dallas y Houston Dynamo se cruzan, cualquier lógica queda afuera del estadio. La emoción hasta el final... Hasta en la última jugada, el Derbi de Texas no se definió: como pasa en las películas de acción.
El comienzo del caos
Arrancó con golpe local: doblete de Logan Farrington y sensación de partido encaminado. Pero el caos recién estaba empezando.
Porque Houston respondió como un equipo herido… y peligroso. En apenas cuatro minutos, el partido se dio vuelta de manera absurda: apareció Guilherme —cada vez más protagonista, cada vez más hombre-récord dentro del Dynamo— para encender la mecha. Y detrás suyo llegaron Erik Sviatchenko y Lawrence Ennali. Tres goles. Cuatro minutos. Partido roto.
Pero si algo define a esta edición del clásico es que nadie tuvo el control por demasiado tiempo.
Determinación desde los cambios
Dallas se rehízo desde el banco, con el ingreso de Petar Musa, el hombre del momento. Primero, generando el gol en contra de Duane Holmes para empatar. Después, aprovechando el golpe que significó la expulsión de Sviatchenko. Y finalmente, firmando el 4-3 a los 86 minutos, cuando el partido ya era puro nervio.
Musa no entra: irrumpe. Y cada vez que aparece, cambia todo.
El protagonismo de Musa llega hasta Croacia
Lo suyo ya no es solo un buen momento: son señales. Seis goles en cinco partidos, impacto inmediato, jerarquía en momentos calientes. Y en el horizonte, una oportunidad que empieza a tomar forma real: ganarse un lugar con Selección de Croacia en el repechaje rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026.
Mientras tanto, el clásico deja algo más que un resultado. Deja una sensación: la de haber visto uno de esos partidos que explican por qué el fútbol sigue siendo impredecible. Donde un equipo golpea, el otro responde, y nadie negocia nada.
Texas fue un incendio de goles.
Y en medio del caos, entre récords que empiezan a asomar —como los de Guilherme en Houston— y figuras que se consolidan —como Musa pensando en Croacia—, el Clásico Texano volvió a recordar algo básico: acá, nadie está a salvo.
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