MLS y un Mundial 2026 de estadios llenos que desafía pronósticos

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Durante meses, una de las grandes preguntas alrededor del Mundial 2026 tuvo poco que ver con el fútbol. La conversación giró alrededor de los precios de los boletos, de la expansión a 48 selecciones y 104 partidos y de la posibilidad de ver estadios semivacíos, especialmente en los encuentros sin una potencia tradicional de por medio.

Pero apenas comenzó el torneo, la realidad contó una historia completamente diferente.

Un arranque récord

Los primeros doce partidos de la Copa del Mundo ofrecieron una imagen contundente: estadios llenos o prácticamente llenos en las tres naciones anfitrionas. México vs. Sudáfrica reunió a 80.824 aficionados en el Estadio Ciudad de México; Brasil-Marruecos llevó a 80.663 espectadores en Nueva York-Nueva Jersey; y Estados Unidos vs. Paraguay convocó exactamente a 70.492 personas, llenando por completo el escenario en Los Ángeles para el debut del USMNT de Mauricio Pochettino.

Lo esperable era que esos partidos masivos funcionaran. Lo que pocos anticipaban era la respuesta del público en encuentros, al menos en el papel, menos atractivos. Qatar vs. Suiza reunió a 67.966 aficionados en el Área de la Bahía de San Francisco. El choque entre Haití y Escocia convocó a 64.146 personas en Boston. El 7-1 de Alemania ante Curazao llevó a 68.021 aficionados a Dallas. Países Bajos ante Japón atrajo a 69.285 espectadores en Houston y Costa de Marfil-Ecuador movilizó a 68.274 personas en Filadelfia.

Esta tendencia también se extendió a estadios de menor capacidad. Australia vs. Türkiye reunió a 52.497 aficionados en Vancouver, Suecia vs. Túnez congregó a 50.987 espectadores en Monterrey, Corea del Sur ante Chequia citó a 44.985 personas en Guadalajara y Canadá-Bosnia y Herzegovina estuvo prácticamente lleno con 43.002 asistentes en Toronto. Y una multitud se hizo sentir este lunes el juego entre España y Cabo Verde en Atlanta.

En otras palabras, el problema no fue llenar los estadios. El desafío terminó siendo encontrar un partido que no lo hiciera.

La Copa del Mundo llegó a una región  preparada y ansiosa

Sería fácil atribuir el fenómeno únicamente al peso de la marca y de lo que significa un Mundial de FIFA. Después de todo, se trata del evento deportivo más importante del planeta. Pero eso no alcanza para explicar por qué está ocurriendo esto, especialmente en ciudades de Estados Unidos.

Las cosas cambiaron aquí. Esta Copa del Mundo no aterrizó en un territorio que descubre el fútbol cada cuatro años. Llegó a una región donde millones de personas ya incorporaron este deporte a su vida cotidiana. Y MLS tiene mucho que ver con eso.

Hoy, para una familia en Seattle, Atlanta, Cincinnati o Columbus, asistir a un partido de fútbol es tan natural como ir a un juego de béisbol o de baloncesto. Lo mismo ocurre en ciudades como Houston, Nueva York, Los Ángeles o Toronto, donde comunidades enteras han construido una relación permanente con este deporte a través de sus clubes locales y de sus propias raíces culturales. El vínculo del público en Norteamérica con el fútbol es natural, es orgánico. La gente tiene clubes, selecciones, y estrellas favoritas. No es un accidente.

El Mundial encontró un ecosistema preparado para recibirlo.

MLS funciona como acelerador cultural

Ese cambio no ocurrió de un día para otro. Tampoco nació con la llegada de Lionel Messi. Es el resultado de un proceso de más de tres décadas, y en el centro de esa transformación aparece la Major League Soccer.

Después del Mundial de 1994, uno de los grandes objetivos era evitar que el entusiasmo desapareciera una vez terminada la competición. La creación y posterior crecimiento de la MLS permitió que el fútbol dejara de ser un acontecimiento ocasional para convertirse en una costumbre.

La liga ayudó a crear el hábito de ir al estadio. Construyó comunidades de aficionados, desarrolló identidades locales y convirtió al "matchday" en una experiencia cultural. Algo diferente con respecto a ir a ver partidos de NFL, MLB, NHL o NBA. Durante años, millones de personas aprendieron a vivir el fútbol cada fin de semana, independientemente de si jugaba o no su selección nacional.

Y eso es justamente lo que hoy aprovecha este Mundial 2026.

Muchas de las personas que llenaron las tribunas en estos primeros días no son turistas que cruzaron el océano. Son aficionados que viven en Norteamérica y que llevan años consumiendo fútbol gracias a la MLS, y a su ecosistema. Desde las academias juveniles, al crecimiento general del deporte en la región.

Este es el Mundial de las comunidades y las diásporas

Quizá la imagen más poderosa de este inicio de torneo sea la de estadios repletos para partidos que representan mucho más que noventa minutos de fútbol.

Estados Unidos -igual que los países de Latinoamérica- es una nación de inmigrantes. Por eso Boston no recibió únicamente a hinchas llegados desde Haití o Escocia. También reunió a una de las comunidades haitianas más importantes de Estados Unidos. Houston, una de las ciudades más diversas del continente, convirtió un Países Bajos vs. Japón en una celebración multicultural. Filadelfia se llenó de camisetas amarillas para acompañar a Ecuador, mientras Brasil se sintió 100% local en el área triestetal y Toronto vivió el debut mundialista de Canadá como anfitrión con apenas unas decenas de asientos sin ocupar.

MLS ayudó a conectar todas esas historias. Durante años se transformó en una liga donde conviven futbolistas y aficionados de todas las culturas: latinoamericanos, caribeños, llegados desde Asia, África o Europa. En sus estadios, miles de familias encontraron un espacio para mantener vivas sus raíces y compartirlas con nuevas generaciones nacidas en Norteamérica.

Por eso el Mundial encuentra hoy una base social tan sólida. La pasión ya existía; el torneo simplemente le dio el escenario más grande posible. Absolutamente todas las selecciones que juegan este Mundial tienen grupos de aficionados locales (emigrados, o descendientes de esos emigrados) que las apoyan.

Esto comenzó mucho antes de Messi

Es cierto que la llegada de Leo Messi cambió la dimensión del fútbol en Estados Unidos. Su presencia multiplicó la atención mediática, atrajo nuevos aficionados y aceleró un crecimiento que ya estaba en marcha. Lo mismo ocurre con otras figuras globales que hoy forman parte del ecosistema de la MLS y del Mundial.

Pero no sería justo ni cierto pensar que todo empezó ahí.

Antes estuvieron los héroes del Mundial de 1994. Después llegaron otros pioneros y grandes como  Mauricio Cienfuegos, Pescadito Ruiz, Carlos Valderrama, Diablo Etcheverry, Cuauhtémoc Blanco, Guillermo Barros Schelotto, David Beckham, Thierry Henry, Kaká, Diego Valeri y muchos otros nombres que ayudaron a darle credibilidad y atractivo a la liga.

Cada generación aportó algo distinto. Algunas conectaron con las comunidades inmigrantes. Otras acercaron el fútbol al público local. Y varias lograron que miles de niños crecieran sintiendo que este deporte también formaba parte de su identidad.

Messi aceleró el proceso. La MLS llevaba años construyéndolo.

El verdadero legado

Quizá la mejor prueba del crecimiento del fútbol en Norteamérica no sea que México, Estados Unidos, Canadá, o potencias como Brasil, Argentina, o Alemania llenen sus estadios. Eso era previsible.

Lo verdaderamente revelador es que un Haití vs. Escocia convoque a más de 64.000 personas. Que Costa de Marfil contra Ecuador supere los 68.000 aficionados. Son partidos que hace algunos años muchos habrían considerado secundarios y que hoy se viven como auténticos acontecimientos. Oportunidades únicas en la vida para los hinchas que viven aquí.

Durante meses se habló del riesgo de los estadios vacíos. Los primeros días del Mundial respondieron con una imagen completamente diferente: tribunas repletas, ambientes extraordinarios y una afición dispuesta a celebrar cada partido, sin importar si juega una potencia tradicional o una selección emergente.

En más de un sentido, estas multitudes que hoy vemos en la Copa del Mundo "descienden" de aquellos primeros Cali Clásicos entre Galaxy y San Jose, de esos choques de Cascadia entre Timbers y Sounders, de esos llenos absolutos de los primeros años de Las Cinco Bandas.

La FIFA organizó el torneo. Pero el ecosistema futbolístico de Norteamérica ayudó a construir el público que hoy lo está convirtiendo en un éxito. El legado más importante que la MLS le entregó al Mundial 2026 no es únicamente una infraestructura moderna o una cifra récord de jugadores convocados. Es haber ayudado a crear una cultura futbolera que trasciende fronteras, idiomas y generaciones.

Porque los estadios llenos de estos primeros días no son solo una victoria de la FIFA. Son la confirmación de que, durante treinta años, el fútbol dejó de ser un visitante ocasional para convertirse en una parte esencial de la vida cotidiana en Norteamérica. Y cuando eso ocurre, llenar un estadio deja de ser noticia y pasa a ser algo natural.

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